martes, 7 de noviembre de 2017

CONEJO AL AJILLO

No soy yo de guisar ni de haber guisado o cocinado muchos conejos, pero sí de haberlo comido y dejar que otros lo hagan por mi.

Mi buen amigo Manolo era cazador, empezó de niño con su padre y siguió haciéndolo toda su vida, y así es como él preparaba el conejo, o como yo recuerdo que lo hacía...




Si vais a comprar un conejo os recomiendo que sea un conejo joven y tierno. El mío tiene "truco" como aquel que dice, pues los cría una vecina y viene con sus garantías. Recuerdo haber comprado, sin embargo, un conejo en una plaza de abasto, que me dio tal olor a la hora de guisarlo (conejo con arroz en aquella ocasión) que no fui capaz de comerlo después - conejo viejo, sin duda, y duro.





El de la imagen es un conejo bastante tierno, que tampoco requiere mucha cocción.



Para prepararlo empezamos por sofreír el conejo en la olla (olla rápida en mi caso) con un buen chorreón de aceite de oliva virgen extra, 
añadiendo:

  • Media cebolla grande o una pequeña
  • 7/10 dientes de ajo, según tamaño. Yo los pongo enteros y pelados, y les doy un golpe para chascarlos simplemente.
  • Un par de zanahorias.
  • Sal, pimienta, laurel, tomillo, romero, orégano, savia y todas las hierbas aromáticas que se os ocurra.



Cuando la carne esté sellada le echamos un poco de agua, medio vaso o algo menos, y cocemos durante10 min.



Abrimos la olla y le añadimos el brandy o whisky que queramos usar para flambear. (Hoy he empezado una botella de Terry Centenario que apareció por casa).





Flambeamos y volvemos a cerrar la olla y le da,os otros 5 min de cocción, para eliminar el alcohol y mezclar sabores sobre todo. 






Listo, un conejo pequeño y tierno da para dos buenas raciones, con su buen pan para la salsa y unos buenos tomates aliñados para acompañar, un almuerzo perfecto para un domingo de otoño.





Y yo disfrutando de nuevo por aquí.




¡Saludos bloguer@s!


domingo, 22 de octubre de 2017

ORTIGUILLAS

Sería a primeros de marzo que estuvimos un día en San Fernando con mi hermana Mercedes, ella nos iba a preparar una paella y fuimos a la pescadería a comprar los avíos. Me encanta comprar pescado en Cádiz porque no tiene nada que ver con el que nos llega a Sevilla, ni en calidad ni en variedad ni en precio. Ella ya conoce al pescadero y éste le da de lo mejorcito, lo mejor, una maravilla.

No hice foto pero en la pescadería había un tarro cilíndrico de plástico con tapa, tipo taper, y dentro lo que parecían algas que en San Fernando se cultivan en los viveros de la zona del estero. Pero no, no eran algas, sino ortiguillas que llegan así a la pescadería, en salmuera o agua de mar. 


Nunca había tenido claro si las ortiguillas eran algas o algún otro tipo de planta marina o si eran moluscos, pues su textura en la boca recuerda un poco a la de las ostras o el mejillón, pero no, ni algas ni moluscos, son anémonas (el hogar de Nemo), pequeños animales marinos con tentáculos que se adhieren a las rocas y que se alimentan de pequeños peces o mariscos (informándome bien en la Wikipedia). Y además de todo esto, un manjar.


(Imagen de la Ronda del Estero en San Fernando, Cádiz)

Por toda la Bahía de Cádiz se comen ortiguillas fritas, así que si pasas por allí, no dejes de probarlas, y si tienes la suerte de encontrarlas en una plaza de abastos, cógelas, verlas y tocarlas también es algo único. ¿Os habéis fijado en esos todos entre verdes, azules y violetas de sus filamentos? Me encantan.

Así que nos las llevamos y las preparamos. 
No tiene secreto alguno, como ya vienen en salmuera, escurrir, pasar por harina y freír. 





El sabor de las ortigillas es realmente intenso, para mí, sólo comparable al de las vieiras que me gusta comer con los ojos cerrados, y que me transportan al mar.
Tenía estas fotos guardadas desde entonces para enseñároslas un día. Mercedes, vete encargándoselas al pescadero que voy para allá.

(Y aquí con mi hermana en un paseo por el Puerto de Gallineras.)

¡Saludos bloguer@s!

miércoles, 18 de octubre de 2017

BIZCOCHO DE CALABAZA


Ayer nos visitaba un sevillano adoptivo en el exilio y yo, que llevo a Sevilla en vena, inquieta y viajera, llevo ya muchas adopciones a cuesta. Soy feliz cada vez que subo a Zamora, porque si, me gusta el frío, las murallas de la "bien cercada", sus edificios modernistas, el Duero y sus maravillosas aceñas, el Románico que se esconde en cualquier pueblo por muy pequeño que sea, la sierra de la Culebra (que todos conocemos por los documentales del lobo del grandísimo Félix Rodríguez de la Fuente)...y su comida, si, me encanta eso de "salir a tomar un vino" o un "corto de cerveza", que es cerveza tirada en un chato de vino, algo que nunca había visto antes, y disfrutar de los pinchos, aunque aún me queda mucho que probar. 



La foto es de un pequeño lugar de la zona de Benavente y sus valles, concretamente del valle de Valverde, y dejémoslo ahí. 

Del último viaje volvimos cargados de pimientos, que os enseñé en la receta anterior, y también trajimos una calabaza de 8.2 kilos que os muestro ahora y con la que además de cremas y potajes, hice este bizcocho cuya receta también viene de aquellos lares.
La calabaza es gentileza de las primas, sus primas, mis primas, unas niñas a las que adoro, excepto cuando me ganan jugando al Apalabrados, y la receta es de Pepi, una mujer extraordinaria que siempre te hace sentir bien en su casa y a la que estoy esperando ya con ganas por Sevilla. "Pepi, no tardéis, que ahora es buena época. Ha empezado a llover y a refrescar, ideal para pasear y ver todo lo que os quiero enseñar".


La receta de Pepi se hace con otro tipo de calabaza, concretamente con la calabaza de cabello de ángel o cidra, que tiene una pulpa más blanca, pero como tenía muchas ganas de probarla y sabía que también quedaría bien, la hice con ésta.

Os paso la receta:

300 g. de calabaza pelada, que se cuece y se escurre bien. Lo mejor es aprovechar bien esa pulpa limpia de pipas para la cocción.


Se bate con 250 g de azúcar  si se hace con cidra. Si lo hacemos con una calabaza convencional como ésta le ponemos algo menos, 30 g menos de azúcar, ya que es más dulce. (Truquillo que también me dio Pepi).

Añadimos 3/4 partes de un vaso de agua de aceite de oliva (virgen extra si se puede) y 3 huevos, y seguimos batiendo.

Tamizar sobre la mezcla 250 g de harina y añadir un sobre de levadura. Batir.

Colocamos en un molde y horneamos en horno precalentado. Para que os quede bien, seguid estas pautas: calentar a 200º durante 15 minutos, bajar a 180º y hornear otros 15 minutos, y finalmente otros 15 minutos a 150º.


Desmoldar y espolvorear con azúcar glass.


El resultado es de nivel, un bizcocho esponjoso y dulce de 10 que nos merendamos en varias sentadas.

Si os atrevéis a probarlo ahora que se acerca Halloween y que se desperdician muchas calabazas, me lo decís.

¡Saludos y Feliz cocina!

sábado, 7 de octubre de 2017

TORTILLA DE CALABACÍN Y PIMIENTO ROJO



Llevo tiempo queriendo reabrir el blog y hoy me pongo manos a la obra con una receta bien sencilla. Como siempre digo mi cocina se inspira en lo que nos da el huerto, mezcla de la huerta sevillana de José Luis y de la huerta Zamorana de las primas de la familia, de donde vienen estos pimientos tan estupendos. Mil gracias a las hermanas Zanca por estas maravillas de la tierra. En una próxima receta os enseñaré las calabazas, que son de concurso.


Para empezar pelamos y cortamos los calabacines ( dos si son pequeños o uno si es muy grande, como el que yo he usado), y el pimiento rojo ( yo he puesto poco más de medio pero es que era enorme).


Sazonar con sal y pimienta y poner en una sartén con un chorreón de aceite.
Con el aceite fuerte, removemos y vaciamos el contenido de una cuarta parte de vaso de agua sobre las verduras. Tapar y dejar cocer removiendo de vez en cuando.
De este modo cocinamos con menos aceite y conseguidos que las verduras se hagan rápidamente adquiriendo una textura melosa. Lo mismo se puede hacer con berenjenas.


Batimos los huevos que vayamos a usar, con una pizca de sal.


¿Veis cómo queda la verdura?


Escurrimos bien y mezclamos con los huevos.


Pasamos a la sartén y hacemos la tortilla.



Os tengo que decir que ya estaba harta de que se me pegara la tortilla en distintas sartenes. Por ejemplo, las de revestimiento cerámico, no sirven para tortilla, o al menos, según mi experiencia. La cosa es que cansada de desdeñar sartenes para este uso pasé a adquirir una de estas de voltear en El Corte Ingles y no puedo estar más contenta. Estoy por ponerle nombre y todo...


Aquí siempre salen perfectas.


Yo la acompaño siempre con un poco de alioli casero. ¿Apetece? Otra manera de comer tortilla, que como la de patatas fritas seguramente ninguna, estoy de acuerdo, pero para las que andamos tratando de no saltarnos la dieta, de diez, mmmm


Feliz de haber vuelto ¡Saludos bloguer@s!


viernes, 19 de agosto de 2016

PÂTÉ DE PIMIENTOS MORRONES


El verano ha cundido mucho y me ha hecho viajar de punta a punta hasta el norte, hasta sitios que no visitaba desde hace más de diez años, el paraíso cántabro. Partiendo de Zamora donde estuvimos varios días y de cuya gastronomía ya os hablaré en otra entrada, porque da para varios días y muchas recetas, atravesé emocionada el puerto de Pajares para llegar a Gijón y más tarde los Picos de Europa para llegar a un pueblito de apenas 50 habitantes llamado Toporias, muy cerquita de Cabezón de la Sal. Allí pudimos disfrutar unos días de la compañía de Manuel y María Luisa, bellísimas personas y mejores anfitriones, de sus hijos, de las charlas con vecinos, del paisaje, del aire fresco, del silencio y del sonido de la naturaleza, porque dormir con el croar de un sapo y despertar al canto de las aves no es cualquier cosa.


María Luisa es una maravillosa cocinera. Mi hijo, que llevaba ya días allí no ha parado de decirme que sus lentejas saben mejor que las mías, y su puré de verduras, y sus croquetas, y su...prácticamente todo. Efectivamente fue llegar allí y nos sorprendió con una carrillada ibérica de salsa delicada que nos cautivó y relegó la mía, a la que siempre hacíamos una fiesta, a un segundo puesto. De cómo hace mi amiga su carrillada os hablaré otro día, es fácil, y ya hemos practicado su receta, la gracia es que María Luisa no come carne y jamás ha probado su carrillada, curioso, ¿no? Pues así es...

La de hoy es otra receta de ella, fácil y fresquita para estos días de verano: Pâté de Pimiento Morrón.

Vamos a necesitar:
-  4 latitas de pimiento Morrón
-  2 latitas de atún
-  2 huevos duros
-  mayonesa
- 1 sobre de gelatina neutra


Empezamos por escurrir y limpiar los pimientos de pepitas para ponerlos en la batidora.


Añadimos los huevos duros y el atún escurrido.


Unas cucharadas de mayonesa. En este caso es casera, hecha como en la receta del alioli pero sin ajo y añadiéndole unas gotas de limón.


Empezamos a batir y mientras batimos vamos echando el sobre de gelatina neutra en polvo.



La gelatina hará que cuaje y el paté adopte consistencia de mouse.

Volcamos en un recipiente apropiado y dejamos enfriar.


Para servir, mejor con unos panecillos y un poco de mahonesa para acompañar.


Y si sacamos un vinito y un poco de picón cántabro, la velada perfecta.

De nuevo, mil gracias a Manuel y a María Luisa por su hospitalidad, agradeceros la invitación y la suerte de haber podido disfrutar de unos días de buen tiempo con vosotros visitando los alrededores de la zona y descubriendo sitios tan maravillosos e impresionantes como Santillana del Mar o el monte de Ucieda, en el entorno del Parque Natural de Saja-Besaya. ¡Hasta pronto, chicos!

Y a todos, feliz vuelta de verano, deciros que el blog, aunque perezoso, no echa el cierre, y que amenazo con nuevas, siempre fáciles y buenas recetas.




jueves, 28 de abril de 2016

CABRILLAS "RECETA DE MI MADRE"


En Abril, aguas mil...porque no voy a decir aquello de que la lluvia en Sevilla es una pura maravilla porque no es verdad. Pero llueve y siguen saliendo caracoles y sobre todo, cabrillas.
Hace poco las hice en salsa de tomate y ahora las quería hacer como se han comido de toda la vida en mi pueblo, Marchena. Y voy yo y quiero hacerlas un martes de feria. Salgo de trabajar y me voy a "La Casa de las Especias" en busca de mis especias de caracoles. CERRADO. Hasta el lunes próximo no volvían a abrir en horario de tarde para que yo pudiera ir a comprarlas. Así que a ver que hacía yo con mis cabrillas limpitas esperándome...
Mira, voy a llamar a mi madre que seguro que ella sabe cuáles son las especias y hago yo el popurrí. 
Mi madre tiene soluciones para todo. De hecho ella hace las espinacas sin especias de espinacas y están buenísimas.
Así que de nuevo, la receta es de mi madre que es la gran cocinera de esta casa. Un día de estos le pongo internet y la doy de alta en el blog...más ahora que estoy tan sola...

Pues bien, empezamos por lavar las cabrillas (después de haberlas tenido un día en ayuno) en agua fría con sal para que vayan soltando la baba, las cacas y todo eso que no nos gusta. Yo las lavo mucho y les cambio el agua constantemente. Todo esto cuidando bien de que no se salgan de la olla donde lo hagamos.
Ya limpias las pasamos a una perola grande y las vamos dejando amodorrar con el fuego bajito para que saquen bien cabeza y luego sea fácil de comerlas.
Cuando ya están todas muertas (que cruel) y con la cabeza fuera, subimos el fuego y les damos unos 
minutos de cocción hasta ponerlas tiernas.
Enjuagamos y apartamos.


Las colocamos en una olla grande y le añadimos un majado de pan, cebolla y ajos fritos.


  

Le ponemos pimienta molida, bastante comino en polvo, una guindilla troceada, sal, pimentón dulce de la Vera (si puede ser), una hojita de laurel y removemos todo.




Por último, un buen chorreón de vino y dejar cocer un poquito para ligar sabores.


El resultado nos encantó a todos, tanto que ya las he hecho así un par de veces...¡Gracias mami, un éxito!


 Lo dicho, doy por terminada la temporada de cabrillas que su trabajo para limpiarlas tiene.

¡Saludos a tod@s!

domingo, 10 de abril de 2016

HABAS GUISADAS



Siguen llegando habas y he llamado a mi madre para ver cómo las guisa ella. Si es verdad que de pequeña no me gustaban mucho me entraron muchas ganas de recordar aquel sabor a guiso marchenero. 

Aquí su receta (gracias mamá):

Empezamos por freir una rebanada de pan, unos ajitos pelados y picados y media cebolla picada.


Majamos bien todo. O podemos batirlo, como he hecho yo.
Ponemos las habas en la olla con un chorreón de aceite y le añadimos el majado.



Rehogamos.
Añadimos una hoja de laurel, una ramita de hierbabuena, comino, pimienta, sal,  y una cucharada de pimentón dulce. 
En mi pueblo se suelen poner también unas hojas de lechuga picada, yo nos las he puesto en esta ocasión porque no tenía. Para la próxima las añado...


Cubrimos con agua y dejamos cocer a fuego medio hasta que las habas se pongan tiernas.

Antes de servir, escalfar un huevo por comensal.



A mi me encanta el sabor del huevo escalfado en este guiso. Romper la yema y mezclarlo todo, mmm
Espero que os guste, las habas amenazan con seguir llegando...

¡Saludos bloguer@s!